Y tú ¿qué crees que puedes conseguir?

Hace ya unos cuantos años mi jefe me propuso liderar un proyecto tecnológico de alto impacto en la compañía. Era el primero que coordinaba con esas magnitudes, riesgo, complejidad. Yo no estaba especialmente convencido de poder hacerlo. A decir verdad, tenía miedo, dudas y percibía que confiaba más él en mí que yo mismo. Después de unas cuantas conversaciones (y alguna noche sin dormir) empecé a pensar que quizás no estaba actuando en plan kamikaze, que lo que había conseguido hasta ese momento, el equipo con el que contaba y el apoyo que estaba recibiendo eran recursos muy valiosos a tener en cuenta. Así que con la confianza de que aquello iba a salir bien, acepté, nos dejamos la piel durante dieciocho meses, hicimos algunas cosas bien, cometimos errores, aprendimos, superamos obstáculos y finalmente el proyecto terminó con éxito.

De esta forma fue como descubrí de forma consciente lo que hoy conocemos como autoeficacia que no es otra cosa que creer en lo que puedes hacer.

Sabemos que las creencias, tanto las limitantes como las poderosas, se generan a partir de lo que percibimos del mundo y de las opiniones que nos formamos de cómo son y cómo funcionan las cosas.

Demos un paso más y entremos en la recursividad de aquellas creencias que nos permiten ampliar (o reducir) nuestra zona de confortAlbert Bandura, profesor de la Universidad de Stanford (California), fue quien definió las creencias de autoeficacia como las “creencias en las propias capacidades para organizar y ejecutar los cursos de acción requeridos para producir determinados logros o resultados”.

Dicho de otra forma, creer que puedes hacer algo y que puedes hacerlo bien refuerza nuestro compromiso, nuestra perseverancia y nuestra energía para alcanzar los resultados. Nos permite aprender, superar obstáculos, nos motiva, mejora nuestro desempeño y, además, nos hace sentir más felices. Conseguir un trabajo, incorporar hábitos personales, emprender algún proyecto profesional o personal, alcanzar algún objetivo vital… será posible en la medida que estemos convencidos de poder hacerlo. La autoeficacia es también uno de los recursos que potencia el engagement en el trabajo (Salanova & Schaufeli).

Estas creencias de autoeficacia no se desarrollan sólo a nivel personal, un equipo también puede tener creencias de eficacia colectiva percibida y alcanzar resultados extraordinarios. Pensemos en nuestro equipo deportivo favorito cómo consiguió ganar aquel partido por pura convicción y tesón a pesar de que parecía tenerlo todo en contra.

Hemos hablado hasta aquí en un sentido positivo y lo mismo podríamos decir de la autoeficacia negativa. Aquellas personas (o equipos) convencidas de su escasa capacidad para lograr resultados tienden a abandonar sus proyectos, a agotarse ante los obstáculos y a situar la responsabilidad fuera de su alcance con un lenguaje desempoderado (“la crisis”, “la gente”, “los clientes”, “la compañía”…). Estas creencias pueden convertirse también en una fuente de burnout o síndrome del quemado en el trabajo.

Ahora bien ¿cómo se desarrollan mis creencias de autoeficacia? ¿qué o quién influye de una u otra forma? Albert Bandura señala como fuentes de la autoeficacia las siguientes:

  1. Las experiencias previas. El resultado de nuestras experiencias anteriores es una fuente muy importante de autoeficacia personal. Si en otras ocasiones hemos alcanzado nuestros objetivos, hemos sido capaces de superar o sortear los obstáculos, nos hemos esforzado para lograr nuestros propósitos o, incluso sin haberlo conseguido, somos capaces de ver los aprendizajes que podemos incorporar, estaremos en mejor disposición de conseguir lo que pretendemos, seremos más perseverantes, más motivados, con mayor entusiasmo y más satisfacción. Por el contrario, si nuestra mirada va dirigida o se focaliza sólo en los fracasos y en aquello que no sale, estaremos reforzando nuestra autoeficacia negativa que puede llevarnos a posiciones más victimistas y a desmoronarnos ante las dificultades.
  2. Las experiencias de otros. En no pocas ocasiones, disponer de modelos a seguir nos permite incorporar un sentido de eficacia. Cuando vemos a otras personas que son capaces de hacer cosas de forma exitosa y consideramos que tienen unas competencias similares a las nuestras es una fuente para reforzar nuestras creencias sobre nuestras propias capacidades. Es lo que Bandura denomina experiencias vicarias o aprendizaje por observación.
  3. Persuasión y feedback. Los mensajes que escuchamos sobre nuestras posibilidades, el refuerzo percibido de nuestro entorno social, las palabras de ánimo y el feedback que nos ofrecen las personas cercanas, son la tercera fuente de autoeficacia. Como en mi experiencia comentada al principio, las personas (o equipos) podemos ser persuadidas o convencidas de poseer las capacidades necesarias para el éxito en una determinada acción. Esto moviliza los esfuerzos y las energías suficientes de forma sostenida para el logro. Un factor determinante es la autoridad, credibilidad y competencia que otorga la persona al persuasor. Es decir, para las creencias de un trabajador en sus propias capacidades pueden tener mayor influencia las opiniones de su jefe y personas relevantes de la organización que las de alguien externo con poco conocimiento de la situación. De la misma manera, las creencias de un niño se verán mucho más reforzadas por los mensajes de sus figuras de autoridad (padres, profesores,…) que por los de otras menos significativas para él.
  4. Activación fisiológica. Las emociones como posibilitadoras de repertorios de acción ejercen influencia sobre el sentido de eficacia. La activación fisiológica evidenciada en ansiedad, estrés, irritabilidad y temores disminuyen el desempeño del individuo; mientras que la alegría, el entusiasmo, la inspiración o la confianza incrementan los niveles de competencia. En consecuencia, gestionar adecuadamente las emociones es una fuente de autoeficacia.

Vemos como las creencias de autoeficacia interactúan con nuestras posibilidades de acción y cómo pueden ampliar nuestra zona de confort permitiéndonos abordar retos que hasta ese momento nos parecían inalcanzables. Por el contrario, si lo que alimentamos son las creencias de autoeficacia negativa nuestra zona de confort se irá achicando viendo la imposibilidad de actuar en situaciones que nuestras capacidades nos permitirían resolver sin mayor contratiempo.

Dos reflexiones finalesPor una parte, aumentar la consciencia sobre lo que nos pasa y aprender a gestionar de forma adecuada los mensajes que recibimos, las interpretaciones que hacemos, los pensamientos que construimos y las lecciones aprendidas, puede aumentar de forma significativa nuestras oportunidades y posibilidades de éxito. Por otra, ser conscientes de la responsabilidad que como padres, líderes, parejas, amigos, coaches… tenemos a la hora de opinar, animar y dar feedback a nuestros hijos, colaboradores, amigos, clientes… sobre sus posibilidades de acción. No olvidemos que en la medida que nos aprecien, valoren y nos den autoridad, mayor será el impacto en su autoeficacia y los éxitos que puedan alcanzar.

Éste es otro ejemplo de cómo a través de la incorporación de distinciones y prácticas de la psicología positiva al liderazgo y al coaching, podemos ser capaces de promover y acompañar a las organizaciones a mayores niveles de productividad, innovación y excelencia.

Artículo original publicado por Lluis Miró en EEC